A dieciséis años mi corazón aún te escribe

Hoy se cumplen dieciséis años desde la última vez que te vi, y sin embargo, pareciera que fue ayer cuando salíamos por tu helado favorito, o cuando compartíamos esos frappés que no te gustaban tanto, pero igual los tomabas para complacerme y no dejarme solo. Cómo olvidar esas conversaciones hasta la madrugada, donde te contaba cada locura mía y cada paso importante que estaba por dar.

Recuerdo tu cara cuando te dije que me había equivocado de carrera y que ya no quería saber nada de la universidad. También los días en que, de vez en cuando, ibas a recogerme al colegio y nos íbamos a Plaza San Miguel por un helado, o por los nuggets de KFC que tanto amabas, pizzas, o cuando terminábamos en la Tiendecita Blanca por un postre.

Han pasado dieciséis años y aún te extraño. Han pasado dieciséis años y muero por contarte todo lo que estoy logrando, aunque sé que desde allá arriba me ves. Han pasado dieciséis años y cómo quisiera verte sentada leyendo mi blog. Me hubiera encantado que me acompañaras este sábado, un día muy importante para mí, porque conoceré a uno de mis escritores favoritos y tendré la oportunidad de mostrarle mi trabajo para recibir su opinión.

Algunas cosas han cambiado, pero otras siguen igual. A veces voy al Olivar y me siento en aquella banca donde conversábamos; paso por el lugar donde me pillaste haciendo alguna travesura; y cuando camino por el Óvalo Gutiérrez, es inevitable que invadas mis pensamientos.

Tú me enseñaste que los padres, antes que nada, deben ser amigos; que con confianza y lealtad se pueden lograr muchas cosas en la vida. Gracias a ti, me he convertido en una persona servicial y empática, y eso lo aprendí de la mejor manera: contigo.

Estoy a puertas de cumplir uno de mis más grandes sueños. Justo hoy recordé cuando te decía que quería ser escritor y que daría todo porque estuvieras presente en el lanzamiento de mi primer libro. Lamentablemente no será físicamente posible, pero sé que desde donde estás me acompañarás.

Mientras escribo esto, no puedo evitar acordarme de cuando sentí tu presencia hace unos meses en el concierto de Green Day, cuando sonaron Good Riddance, Boulevard of Broken Dreams y Wake Me Up When September Ends, y las lágrimas recorrían mi rostro. Te sentí cerca por un instante, y eso fue suficiente para mí.

También recordé algo que siempre me hace sonreír: cuando veías fotos de Billie Joe Armstrong y decías “oye, qué chico tan guapo… sigue escuchando su música”. Me daba risa cómo lo decías, con esa ternura tan tuya. Y cada vez que escucho Green Day, siento que sigo compartiendo contigo ese pequeño ritual nuestro.

Mamá, quédate tranquila: tengo unos amigos maravillosos. Tengo un círculo cercano que me encanta.

Gracias, mami, por darme la vida, por ser una mujer increíble, por enseñarme tanto, por inculcarme que los sueños se cumplen, por ser mi mejor amiga, mi confidente y por aquellas pláticas largas y divertidas que teníamos. Te mando un beso gigante hasta donde estés. No olvides que te amo muchísimo y que siempre seguiré el arte que Dios me dio como talento para impactar al mundo. Gracias por haberme hecho feliz mientras estuviste en la tierra.

Gracias, mamá. Eres increíble. Gracias por tanto. Te amo.

Cuando las conexiones no se buscan pero te encuentran

Hoy escribo algo distinto. Algo que nació de una conversación que tuve hace unos días en una de mis cafeterías favoritas.


—La astrología es un campo enorme, fascinante. Me encanta; me transporta a un abanico de universos, y disfruto compartirlo con las personas que se cruzan en mi camino. Y también me permitió algo más: identificar conexiones que no son casualidad, sino encuentros que suman, enseñan y elevan. Mucho gusto, me llamo Ale.
—El gusto es mío, me llamo Lucero.

Así comenzó todo. Un diálogo sencillo, pero tan honesto, que abrió una puerta.
Una puerta hacia una conexión que ninguno de los dos había planeado, pero que ambos reconocimos al instante. Es curioso, porque ninguno de los dos teníamos amigos en común. Aunque, pensándolo bien, sí los teníamos: energía, conexión, universo.

Nos conocimos un domingo 4 de agosto del año pasado, en la cola de una firma de libros de uno de mis mejores amigos en la Feria del Libro. ¿Quién iba a imaginar que, en medio del ruido, las conversaciones cruzadas y el movimiento de cientos de personas, iba a aparecer alguien con quien sería tan fácil hablar, escuchar, reír, abrirse… y crecer?

Desde ese día, nuestras conversaciones fluyen como si el tiempo no existiera.
Podemos hablar horas sin sentir el peso del reloj, explayarnos, profundizar, cuestionar, sanar, construir. Y, sobre todo, podemos hacerlo sin miedo, sin juicio, sin máscaras.

Siento que somos dos hacedores, dos buscadores, dos almas sincronizadas con un mismo propósito: crecer, avanzar, conquistar lo que anhelamos y aportarle experiencias maravillosas al mundo.
Y lo más bonito es que no lo hacemos solos. Nos acompañamos.

Entre nosotros hay apoyo. Hay reciprocidad. Hay esa energía que te dice:
“Dale, tú puedes. Yo también puedo. Avancemos juntos, que nos irá bien.”
Hay chispa, hay complicidad, hay impulso. Hay inspiración para subir al siguiente nivel.

Cada café, cada salida, cada charla, cada caminata, cada instante compartido tiene algo especial. Algo cálido. Algo que no es común. Algo que simplemente se siente.

Somos dos personas vitamina, dos personas que se suman, se nutren, se retroalimentan.
Y eso, hoy en día, es una bendición. Es el resultado de lo que pedí a Dios en una de mis oraciones. Definitivamente Él siempre nos escucha y pone a las personas en el momento correcto.

No sé qué palabra define esta conexión.
Pero sí sé lo que provoca:

Provoca calma.
Provoca fuerza.
Provoca ganas.
Provoca crecer.
Provoca salir de la zona cómoda.
Provoca soñar más alto.
Provoca mirar adelante y decir: sí, podemos comernos el mundo.

Y mientras escribo esto, sé que ella —sí, Lucero— lo va a leer.
Y recordará todas esas conversas que para muchos serían locas, pero para nosotros son vitamina pura.
Tal vez prepare una buena dosis de café mientras disfruta de este escrito.
Tal vez recuerde ese mantra tan nuestro: “Mañana será un gran día.”

Qué bonito es encontrarnos en vidas donde no nos debíamos nada, pero igual decidimos sumarnos. Y si algo he aprendido es que las conexiones que vienen del alma no piden permiso: simplemente llegan, te transforman y se quedan, incluso cuando ninguno de los dos lo esperaba.

Porque conexiones como esta no se encuentran todos los días.Porque hay encuentros que no se explican… solo se sienten y lo que se siente, queda. Siempre queda.

Familias del alma

Hoy escribo un post diferente a los demás. Quizá te asombre lo que estás empezando a leer. Quise compartirlo porque hace unos días hablaba de esto con una amiga en una de mis cafeterías favoritas.
Y no, no voy a hablar de que seré coach, terapeuta holístico o guía de vida. Simplemente es un tema que me llama la atención y que quiero dejar plasmado aquí.

Se dice que las familias del alma son aquellas personas que llegan a tu vida y que, aunque no compartas la sangre, están unidas a ti por energía y esencia.
Traen soporte, amor incondicional y aparecen en los momentos perfectos.
Entienden y comparten tu misma misión, tu propósito como alma.
Son quienes vibran en tu misma sintonía, los que te responden antes de que preguntes, los que sienten algo cuando estás cerca.

Tengo la dicha de contar con personas maravillosas en mi vida, verdaderos regalos de Dios.
Ellos son mi inspiración para ser mejor cada día. Cada uno es feliz en lo que hace y brilla con su propia luz.
Gracias por todo: por sus palabras, por su amor, su buena vibra y por ayudarme a sacar mi mejor versión.

Soy muy feliz pasando tiempo con ellos —ya sea caminando, tomando café, montando bici, almorzando, soñando en grande o simplemente conversando sobre la vida.
Intercambiamos libros, podcast, ideas… y eso me llena el alma.
Desde que estaba en el colegio le pedí a Dios amigos así y cumplió su promesa.
Ellos saben que pueden contar conmigo y yo con ellos.
Somos una familia del alma.
Y cada encuentro es un recordatorio de que, en el fondo, TODOS somos UNO.

Estas últimas líneas son de agradecimiento a ti, mi fiel lector.
Porque sin ustedes no habría podido llegar al siguiente nivel que tanto busqué.
Gracias por acompañarme en esta aventura de escribir.
Amo lo que hago y aprovecho para invitarte a seguir tus sueños, a compartir con tu familia del alma.
Sé que también la tienes: una, dos o más personas que vibran contigo.

Compárteles este mensaje y diles lo importantes que son para ti.

✨ “Los amigos son la familia que uno construye día a día.”

Con amor,
Aleks ❤️

El café donde me encontré

Hay mañanas en las que el aroma del café no solo despierta el cuerpo, también despierta recuerdos, emociones y fragmentos del alma.
Mientras el agua danza con el grano, algo dentro de mí también se mueve. Es como si el café me hablara en silencio, recordándome todo lo que fui y todo lo que estoy llegando a ser.

El café siempre ha sido un espejo.
En su aroma encuentro mis días buenos y mis días difíciles; en su sabor, la fuerza de seguir; en su textura, la suavidad que aprendí a tener conmigo mismo. Cada sorbo me recuerda que la vida, igual que una buena taza, necesita tiempo, fuego y paciencia.

He aprendido que cada café tiene una historia, como cada persona.
Algunos son intensos, otros suaves, otros tienen ese punto medio perfecto entre dulzura y carácter. Pero lo que más me gusta es que detrás de cada grano, hay una intención. Y cuando esa intención nace desde el alma, el resultado se siente diferente: más humano, más real.

Por eso hoy quiero contarte algo que me emociona profundamente.
Este jueves lanzo la versión navideña de mi café 🎄☕. Una edición especial que nació desde la inspiración, la nostalgia y la ilusión de estas fechas. Tiene notas que abrazan, aromas que evocan hogar y una energía que te invita a conectar con lo más bonito que habita en ti.

No es solo café. Es una experiencia.
Una forma de celebrar la magia de diciembre, de honrar los rituales que nos hacen sentir vivos, honrar todo lo que estamos logrando y de compartir el amor que ponemos en cada grano.

Si estás leyendo esto, te invito a probarlo.
A regalarte un momento para ti, para sentir, para recordar.
Porque este café, como la vida misma, no se toma rápido. Se saborea, se agradece, se comparte.

Nos vemos este jueves.
Y cuando lo pruebes, quiero que cierres los ojos y me cuentes

¿A qué te recordó el aroma? ☕

Mi yo del pasado y el Halloween de este año

Justo hace unos días conversaba con Fer. Estábamos platicando sobre nuestras adolescencias… una más caótica que la otra. Ella era tan paz y amor, y yo, en cambio, tan tinieblas y controversias. Ambas fases, claro, fueron totalmente divertidas.
Para que entiendas el contexto de todo lo que voy a escribir a continuación, Fer y yo nos conocemos de toda la vida. Literal. Ha visto mis procesos, mis caídas y mis transformaciones.

Sentados, mientras esperábamos el café, la tertulia era amena y salió el tema de Halloween. Le dije:
—¿Te imaginas que vuelva a ser mi yo del pasado por un día este 31 de octubre?
—Ay no, aquí vamos de nuevo —respondió riéndose.
—Espera. Va a ser totalmente distinto. Si soy ese yo del pasado el viernes, hay cosas que han cambiado y no las volvería a hacer. Por ejemplo, fumar… ni loco volvería a fumar. Tampoco consumir happy brownies, marihuana, nada de eso.
—Eso me da tanta calma. Sí me dio temor saber o suponer que si vuelves a ser tu yo del pasado, quizá hagas esas cosas que no te suman.
—Qué linda. Te agradezco por preocuparte. Además, recuerda que reviví al personaje el 27 de agosto en el concierto de Green Day, y todo tranquilo.
—Solo quiero que estés bien. Siempre me voy a preocupar por ti. Incluso lo hacía desde la última vez que nos vimos.
—Eso fue hace años… cómo pasa el tiempo.

Mientras comíamos nuestros postres, le contaba lo que iba a hacer el viernes y la ilusión que me daba. Ser mi yo del pasado, pero con la versión que soy ahora, es un cambio de 360°.

Mi yo adolescente era un rebelde, polémico, algo dark con toques punk, que se escondía bajo ese disfraz para no ser lastimado. En el fondo tenía un corazón de pollito, un corazón que no quería que nadie vulnerara.

Estoy agradecido con esa fase. Sin ese adolescente rebelde, no sería la persona que soy hoy.
Gracias, Aleks de la adolescencia. Gracias, chico de las tinieblas o dark boy, como también te hacías llamar. Gracias por ser rebelde, por defender tus ideales, por enseñarme que uno siempre debe luchar por lo que quiere.
Creo que venimos a este mundo a ser felices, y tú —a tu manera— me enseñaste eso.

Este Aleks del presente está profundamente agradecido, porque gracias a ti hemos llegado hasta aquí.
Honro y aprecio cada momento vivido. El viernes te voy a honrar un ratito más: me voy a disfrazar de mi yo del pasado. Pero, como ya mencioné, hay cosas que han cambiado.

Decidí ser mi yo del pasado porque siempre me da curiosidad combinar el ser de ayer con el ser de ahora. Caminaré con mis baquetas por la calle, como cuando iba a los ensayos de Skull & Bones. Estoy seguro de que ambos —el de antes y el de ahora— se van a llevar de maravilla. Esa es la única razón por la cual lo hago, además de conmemorar la noche de disfraces.

Sé que muchos de ustedes tendrán curiosidad por todo esto que estoy escribiendo.
Les cuento que este ser será visto el viernes 31 de octubre y subiré historias en Instagram para que conozcan un poquito más.
Pueden seguirme en @aleks.quiroz, darle follow y divertirse, porque el objetivo del viernes es eso: divertirse.

Gracias a cada persona que hace esto posible. Créanme, el trabajo en equipo es la base de todo.
Los quiero mucho.
Diviértanse un montón, y con responsabilidad. ❤️🎃🎉☕🪄

Sanar lo que nunca se contó

Hay verdades que no gritan. Que se esconden detrás de los silencios, de las versiones a medias, de las historias contadas por otros. Crecemos creyendo que conocer la verdad duele, pero en realidad, lo que más duele es vivir sin ella.

A veces sentimos que no encajamos donde nacimos, que hay una pieza de nuestro rompecabezas que nadie nos enseñó a mirar. Puede ser una sensación difusa, una pregunta sin respuesta o simplemente esa incomodidad que se instala cuando algo dentro de ti sabe que hay más de lo que parece.

No siempre tenemos la oportunidad de obtener todas las explicaciones. Pero hay algo que sí podemos hacer: darnos el permiso de mirar hacia adentro, de reconocer lo que sentimos aunque nadie lo haya validado antes. Porque la sanación no empieza cuando todo encaja, sino cuando decidimos dejar de callar lo que pesa.

Entender de dónde venimos no se trata solo de buscar nombres o fechas. A veces, se trata de abrazar el vacío, de darle un lugar al silencio, de comprender que incluso lo que no nos contaron forma parte de nuestra historia. Es el acto más valiente: construir identidad a partir de fragmentos, sin resentimiento, con amor hacia uno mismo.

Hay momentos en que la vida nos pide aceptar lo que fue y soltar lo que nunca sabremos. En ese punto, uno empieza a mirar la familia con otros ojos: no desde el reproche, sino desde el entendimiento de que todos hicieron lo que pudieron con la conciencia que tenían.

Reconocer lo que no se dijo es una forma de cerrar el círculo. Es mirarte al espejo y decirte: “Esta es mi historia, completa o incompleta, pero mía.”
Y cuando eso pasa, algo dentro se acomoda. Ya no hay lucha por encajar, solo una profunda paz que te recuerda que perteneces a ti mismo, y eso basta.

A veces, sanar es aceptar lo que nunca se dijo.
— Aleks ✨

Mi nuevo año de vida

Mañana, 14 de octubre, celebro un nuevo giro de la tierra conmigo dentro.
Un año más que la vida me regala para seguir creciendo, cumpliendo sueños y aprendiendo de cada paso.

Recibo este nuevo ciclo con el corazón abierto, con gratitud por lo vivido y con ilusión por lo que viene.
Agradezco a Dios, a la vida y al universo por cada experiencia que me ha moldeado,
por las personas maravillosas que caminan a mi lado
y por los silencios que también me enseñaron.

Amo lo que hago, y me emociona celebrar este nuevo año haciendo una de mis pasiones.
Gracias por estar, por leerme, por escribirme,
por acompañarme desde donde estés.
Tus palabras, tu cariño y tu buena vibra me inspiran más de lo que imaginas.

Siento que este año traerá brillo, descubrimientos y muchas cositas bonitas que ya están germinando.
Confío en el tiempo y en el poder de seguir creyendo.

Hoy quiero recordarte —y recordarme— que no solo se trata de cumplir años,
sino también de cumplir sueños,
de atrevernos, de creer que todo es posible,
de abrazar cada día con el alma despierta.

Brindo por la vida, por el amor, por lo aprendido
y por todo lo que aún está por venir.
Gracias por ser parte de este viaje.

🌞✨
Este es mi manifiesto de cumpleaños:
Vivir con propósito, agradecer incluso lo que ya no está, seguir soñando pese que a veces no saber cómo empezar y nunca olvidar que el brillo más grande siempre nace desde adentro.

Contigo en esta ruta por tus sueños.
💛 Aleks

Crónica desde un país que se desangra

Hoy no escribo un post cualquiera.
Hoy escribo en representación de muchos peruanos que sentimos frustración, cólera, rabia. Incluso abandono por parte de las autoridades.
Porque no se trata solo de política, se trata de dignidad. De querer vivir tranquilos, caminar sin miedo, trabajar sin que la inseguridad nos robe la esperanza.
Estamos cansados de que nos ignoren, de que nos hablen de “orden” mientras el país se desangra.
El pueblo no está en modo caprichoso, está pidiendo lo más básico: paz, justicia y respeto.
Y si hoy alzamos la voz, no es por odio ni porque somos una sarta de haraganes, sino por amor.
Por amor al Perú que aún creemos posible. 🇵🇪

¿Cómo es posible que la persona que hoy ocupa el cargo de presidenta —la señora Dina Boluarte— diga cosas tan inaceptables e insensatas, como sugerir que no respondamos mensajes o llamadas para “no ser extorsionados”? ¿Qué clase de autoridad puede dar ese tipo de consejo?

Eso, lamentablemente, refleja el nivel de desconexión con la realidad que vive esta gestión. Porque así la percibimos muchos: una autoridad indiferente, incapaz de tomar decisiones trascendentes, cero empatía, una figura que parece habitar un país distinto al nuestro.

Estamos cansados. Cansados de esperar acciones reales, de ver cómo la inseguridad se apodera de nuestras calles mientras el gobierno mira hacia otro lado. El paro de hoy no nace de la veleidad ni del odio. Nace del dolor, de la impotencia, del deseo profundo de vivir en paz.

Queremos salir de casa sin miedo, queremos regresar completos. No solo pensamos en nosotros, pensamos en las generaciones que vienen. En los niños que merecen crecer en un país donde no sea un lujo sentirse seguros.

¿Cómo puede crecer una nación si su presidenta se limita a discursos vacíos, canciones improvisadas o frases sin sentido? El Perú no necesita más espectáculo, necesita liderazgo, acción y compromiso.

Queremos un país que vuelva a inspirar esperanza. Uno donde el gobierno no solo hable, sino que escuche y actúe.

Lo que estamos viviendo en los últimos años en este país me hace entender, más que nunca, aquella frase que pronunció Santiago Zavala en el bar “La Catedral”:
¿En qué momento se jodió el Perú?

Y hoy podríamos añadir otra pregunta:
¿En qué momento nuestro país empezó a irse a la reverenda mierda?

La marcha de hoy no es un simple capricho de unos cuantos. No salimos a las calles porque se nos antoje. Sabemos lo que implica: dejar de trabajar, suspender actividades, interrumpir la rutina. Pero aun así salimos, porque queremos ser escuchados, queremos ser respetados, queremos vivir tranquilos.

Queremos seguridad, queremos justicia, queremos que este país resurja.
Queremos, como nación, recuperar la calma que nos han arrebatado.

Se exige, de una vez por todas, que se tomen cartas en el asunto. Esto ya se está descontrolando, está fuera de control.
Si realmente queremos un país que avance hacia un siguiente nivel, empecemos por erradicar aquello que nos destruye desde dentro.

¿Hasta cuándo tendremos que soportar la indiferencia de quienes nos gobiernan?
Y lo repito una vez más: ¿qué tiene que pasar en el país para que Dina Boluarte nos escuche?
¿Vive acaso en un universo paralelo o simplemente se hace la pacata frente a la realidad?

Estamos cansados de tener miedo, de salir a trabajar sin saber si volveremos a casa.
Queremos vivir tranquilos, caminar sin miedo, soñar sin temor.

Y no solo lo pedimos por nosotros, sino por las generaciones que vienen detrás, las que merecen heredar un Perú mejor que este.
Muchos de nosotros queremos hacer patria aquí, crecer aquí, prosperar aquí.

Se está pidiendo lo que corresponde. Se
está pidiendo paz y seguridad, Dina Boluarte. Deja de cantar el gato Ron Ron y ponte a trabajar.

El destino escrito en miradas

Hay momentos en la vida en los que todo parece alinearse de manera misteriosa. No hay explicaciones lógicas, solo una certeza que se siente en el pecho: el universo decidió juntar a dos personas. No fue casualidad, no fue un encuentro cualquiera. Fue la chispa que nace cuando dos caminos, después de andar por rutas distintas, finalmente se cruzan.

La conexión es inmediata. Una mirada basta para reconocerse, como si el alma supiera lo que la razón apenas comienza a comprender. No se trata de un juego ni de un capricho, sino de esa fuerza invisible que empuja suavemente hacia un destino compartido. El universo, con su infinita sabiduría, abre la puerta y deja que la magia ocurra.

Entonces aparece el deseo de explorar. De compartir no solo palabras, sino experiencias. No solo días, sino sueños. Porque cuando alguien llega con esa intensidad que ilumina, lo cotidiano se transforma en extraordinario. Una caminata se convierte en aventura, una conversación se convierte en refugio, y hasta el silencio cobra un nuevo significado.

La vida empieza a sentirse como un viaje que vale la pena recorrer juntos. El impulso ya no es mirar hacia atrás, sino mirar hacia adelante, hacia todo lo que está por descubrirse. Y en ese horizonte, no se sueña en singular, sino en plural. Porque la conexión auténtica no se conforma con la superficie: busca profundidad, crecimiento y evolución.

Ese es el momento en el que surge la idea de un siguiente nivel. No como obligación ni como imposición, sino como un deseo natural. Como el río que busca el mar. Como la flor que se abre al sol. Hay algo en el alma que dice: “quiero más”. Más momentos, más cercanía, más vida compartida.

Y aunque el futuro siempre guarde su misterio, existe la seguridad de que mientras el universo siga conspirando, la historia seguirá creciendo. Porque lo que comienza con magia, con destino y con conexión verdadera, merece ser explorado sin miedo.

Al final, dos personas que se encuentran no son solo dos individuos más en el mundo. Son una prueba de que la vida siempre tiene sorpresas, de que el amor sigue siendo una fuerza transformadora, y de que caminar juntos hacia lo desconocido puede ser la aventura más grande de todas.

Tesoros de vida

Las verdaderas amistades no hacen ruido.
Se sienten en silencio, en los detalles, en esa calma que te recuerda que no estás solo.

No se miden en años, ni en fotografías.
Se miden en lealtad, en presencia, respeto, empatía, en esa forma de sostenerte cuando todo parece caer.

Una amistad de verdad no te resta.
No te apaga.
No te sabotea ni te somete a tus ideales.
No te hace sentir menos.

Una amistad de verdad te suma.
Te recuerda quién eres cuando lo olvidas.
Te impulsa a ser más cuando quieres rendirte.
Y te mira con ojos de fe, incluso en los días en que no crees en ti.

Hay amistades que son espejos.
Te devuelven tu luz, incluso cuando no la ves.
Te muestran el camino, incluso cuando no sabes a dónde ir.

Quien te quiere bien no te pide que bajes tus estándares.
Al contrario: los respeta, los celebra, los honra.
Porque entiende que tu valor está en aquello que defiendes.

Las amistades verdaderas son las que te hacen crecer.
Las que no temen incomodarte con la verdad.
Las que te recuerdan que mereces más
y que no tienes que conformarte con menos.

Si te rodeas de quienes sueñan alto, tus alas aprenden a volar más lejos.
Si compartes tiempo con quienes buscan crecer, tu espíritu se expande con ellos.
Porque somos el reflejo de quienes nos acompañan.
Y elegir bien a nuestros amigos es también elegir el rumbo de nuestra vida.

La vida es demasiado corta para quedarse en lugares donde no floreces.
Demasiado breve para compartirla con quienes no creen en tu grandeza.
Demasiado valiosa para entregarla a quienes no saben cuidarla.

Elige amistades que te eleven.
Que te recuerden lo lejos que puedes llegar.
Que te impulsen a dar ese paso que temías.

Las verdaderas amistades no son un peso,
son un regalo.
Un impulso.
Una mano que te levanta.
Una voz que te dice: “Tú puedes”.

Rodéate de esas almas.
De las que suman.
De las que creen.
De las que te llevan siempre un nivel más arriba.

Ahí, en esas conexiones,
está el verdadero sentido de la amistad.
Qué dicha la mía de poder tener amigos así, ellos saben cuánto los quiero y lo felíz que soy con ellos.