Hoy no escribo un post cualquiera.
Hoy escribo en representación de muchos peruanos que sentimos frustración, cólera, rabia. Incluso abandono por parte de las autoridades.
Porque no se trata solo de política, se trata de dignidad. De querer vivir tranquilos, caminar sin miedo, trabajar sin que la inseguridad nos robe la esperanza.
Estamos cansados de que nos ignoren, de que nos hablen de “orden” mientras el país se desangra.
El pueblo no está en modo caprichoso, está pidiendo lo más básico: paz, justicia y respeto.
Y si hoy alzamos la voz, no es por odio ni porque somos una sarta de haraganes, sino por amor.
Por amor al Perú que aún creemos posible. 🇵🇪
¿Cómo es posible que la persona que hoy ocupa el cargo de presidenta —la señora Dina Boluarte— diga cosas tan inaceptables e insensatas, como sugerir que no respondamos mensajes o llamadas para “no ser extorsionados”? ¿Qué clase de autoridad puede dar ese tipo de consejo?
Eso, lamentablemente, refleja el nivel de desconexión con la realidad que vive esta gestión. Porque así la percibimos muchos: una autoridad indiferente, incapaz de tomar decisiones trascendentes, cero empatía, una figura que parece habitar un país distinto al nuestro.
Estamos cansados. Cansados de esperar acciones reales, de ver cómo la inseguridad se apodera de nuestras calles mientras el gobierno mira hacia otro lado. El paro de hoy no nace de la veleidad ni del odio. Nace del dolor, de la impotencia, del deseo profundo de vivir en paz.
Queremos salir de casa sin miedo, queremos regresar completos. No solo pensamos en nosotros, pensamos en las generaciones que vienen. En los niños que merecen crecer en un país donde no sea un lujo sentirse seguros.
¿Cómo puede crecer una nación si su presidenta se limita a discursos vacíos, canciones improvisadas o frases sin sentido? El Perú no necesita más espectáculo, necesita liderazgo, acción y compromiso.
Queremos un país que vuelva a inspirar esperanza. Uno donde el gobierno no solo hable, sino que escuche y actúe.
Lo que estamos viviendo en los últimos años en este país me hace entender, más que nunca, aquella frase que pronunció Santiago Zavala en el bar “La Catedral”:
¿En qué momento se jodió el Perú?
Y hoy podríamos añadir otra pregunta:
¿En qué momento nuestro país empezó a irse a la reverenda mierda?
La marcha de hoy no es un simple capricho de unos cuantos. No salimos a las calles porque se nos antoje. Sabemos lo que implica: dejar de trabajar, suspender actividades, interrumpir la rutina. Pero aun así salimos, porque queremos ser escuchados, queremos ser respetados, queremos vivir tranquilos.
Queremos seguridad, queremos justicia, queremos que este país resurja.
Queremos, como nación, recuperar la calma que nos han arrebatado.
Se exige, de una vez por todas, que se tomen cartas en el asunto. Esto ya se está descontrolando, está fuera de control.
Si realmente queremos un país que avance hacia un siguiente nivel, empecemos por erradicar aquello que nos destruye desde dentro.
¿Hasta cuándo tendremos que soportar la indiferencia de quienes nos gobiernan?
Y lo repito una vez más: ¿qué tiene que pasar en el país para que Dina Boluarte nos escuche?
¿Vive acaso en un universo paralelo o simplemente se hace la pacata frente a la realidad?
Estamos cansados de tener miedo, de salir a trabajar sin saber si volveremos a casa.
Queremos vivir tranquilos, caminar sin miedo, soñar sin temor.
Y no solo lo pedimos por nosotros, sino por las generaciones que vienen detrás, las que merecen heredar un Perú mejor que este.
Muchos de nosotros queremos hacer patria aquí, crecer aquí, prosperar aquí.
Se está pidiendo lo que corresponde. Se
está pidiendo paz y seguridad, Dina Boluarte. Deja de cantar el gato Ron Ron y ponte a trabajar.