Un magnífico tesoro

Marcelo decide estudiar mandarín en un conocido centro de idiomas. Se matricula por las tardes.Jjusto lo hace el mismo día que inicia. Era una tarde de junio. Una larga cola para inscribirse y ni bien termine, a clases. Esto le tomó una hora y quince minutos aproximadamente.
Finalmente entra al aula tímidamente(es una persona muy introvertida), saca su iPad para entretenerse en lo que espera para empezar clases, sus compañeros de aula empiezan a llegar. Él se pone nervioso, inquieto, ligeramente ansioso (suele reaccionar así cuando esta en un lugar que no conoce a nadie)
De pronto, ingresa una señorita de tez blanca, delgada, cabello negro y lacio, colocó sus libros en su escrito y escuetamente nos dijo:


– 下午好,我是他的老師的普通話中文 (Buenas tardes, soy su profesora de chino mandarín)

Marcelo se sentía perdido, ya se daba por vencido de que no iba a rendir como esperaba. La profesora Yang Chang empezó a hablar en español, contando su experiencia. Ella es peruana de origen chino, hizo que cada uno se presentara. En eso, era turno de Marcelo, mostró una sonrisa tímida, mirando al piso se presentó y la profesora le dijo:

-Mucho gusto Marcelo, haremos un buen equipo de trabajo. Es normal que la primera vez se muestren tímidos, es cuestión de confianza, así que vamos poco a poco.
-Muchas gracias profesora- respondió Marcelo
Empezó la clase y para eso la profesora Yang decide formar grupos de dos. Era un problema para Marcelo ya que es autodidacta porque es tímido. La profesora Yang decide colocarlo con una bella señorita, de tez blanca, cabello castaño y sobretodo muy risueña. Ambos se miran y de pronto, ella le busca la conversación:

-Hola Marcelo me llamo Nadia mucho gusto
-Igualmente ¿trabajemos de una vez? Respondió tímido.
Esta bien.

En lo que avanzaban el trabajo, Marcelo y Nadia conversaban. Al culminar la clase salieron juntos con dirección a la cafetería. Ella se sorprendió que se habia soltado tan rápido. Marcelo ya no estaba tan nervioso como al principio. Tan solo bastó unas horas para tener una química tremenda. En esas horas conversando intercambiaron WhatsApp, Instagram, etc. Al día siguiente Marcelo dejó de ser el chico tímido. Poco a poco conversaba con todo el salón, pero encontró mucha confianza en Nadia. Participaba en clases, se convirtió en su compañera de trabajos y en una gran amiga para él. Los meses pasaban y la amistad entre Marcelo y Nadia crecía más. Salían a pasear, a tomar café, conversar, a comer, iban a fiestas, hacían sus tareas e incluso pasaban horas leyendo y practicando chino en la biblioteca. Un día tenían que reunirse por la tarde vía Zoom para hacer un trabajo final, Marcelo la llamaba, le escribía mensajes sin éxito. Se preocupó al no ver que Nadia no escribía o llamaba para hacer el trabajo. Cuatro horas después Nadia le envía un mensaje diciendo:

-Lo siento, me había quedado dormida ¿ Puedes creer que he dormido desde la una de la tarde?
-jajaja suele pasar, te lo digo por experiencia ¿Todo bien Nadia?
-Por supuesto ¿Tú cómo has estado?
-Atareado, pero ahí vamos.


Duraron cincuenta minutos haciendo su trabajo final, estaban conectados desde las seis de la tarde hasta las tres de la madrugada conversando, cantando, contando uno que otro chiste, compraron entradas para un concierto de rock que se llevará a cabo en unos meses. Una bonita madrugada cibernética al lado de su gran amiga. Marcelo jamás había tenido esa confianza con una chica pues el es tímido (creo que era su primera amiga) Todo estuvo genial por seis meses, eran como hermanos. Llegó diciembre en una de esas conversaciones Marcelo tuvo que cambiarse de turno ya que empezaría a estudiar su carrera y Nadia tenia que finiquitar los preparativos para viajar ya que se le presentó la oportunidad de trabajar en el extranjero. Era difícil para ellos seguir en el mismo turno. Al culminar la sexta fase, ambos se reunieron en cafetería para conversar de los planes que cada uno tenía, en eso Marcelo coge su maletín y saca una pequeña muestra donde había un dibujo de un panda comiendo bambú y decía una frase:

“Para ti amiga mía, gracias por escucharme, ser una guía, estar conmigo en las buenas y en las malas y por aceptarme tal cuál soy. Doy gracias a Dios por haberte puesto en mi camino, tu existencia es una bendición para mi. Quien ha encontrado a Nadia ha encontrado un magnífico tesoro”.

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