Aquí vamos de nuevo

La primera vez que fui a un estudio de música tuve sentimientos encontrados. Eran  mis ganas de aprender ahí mismo y el temor a no aprender a dominar ciertos instrumentos. Ese mismo día rompí una tarola y una cuerda de una guitarra acústica y para variar tenía a mi lado un compañero que me hizo mierda y el ser más inútil del planeta. A los días me llené de valor y decidí mejorar. A palabras necias, oídos sordos.


Era mi primera vez viajando al extranjero y me fui con unos veinticinco amigos. Una semana donde la pasé espectacular. Lo primero que hice ni bien hicimos el check-in en el hotel es irme a mi habitación. Tenía hambre y sed. Me dijeron que si cogía algún producto de una canasta que había en la habitación, tenía un precio y al momento de retirarme del hotel tenía que pagarlo. Pues, me emocioné al ver chocolates jet,  unas óreo y una gaseosa colombiana helada. Repetí mi hazaña los demás días. Todo lo que consumía, lo desechaba en los tachos de basura de un centro comercial que estaba cerca al hotel y entraba a un Éxito o Jumbo a comprar y reponer lo que había tomado para saciar mi apetito. Nadie se dió cuenta y lo confirmé el día que ya debía irme.

Mi primera vez preparando café en una máquina espresso no fue tan bonita como muchos creen. Cuando salía humo de la máquina, de inmediato la desconecté porque pensaba que algo malo iba a pasar. Alguna vez usé la molienda equivocada para un método llamado chemex. También me he excedido de jarabes o shots. Mis shots eran shits, ahora la historia es totalmente diferente.

¿Quieren que les siga contando?

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