Los amigos que perdí

Sofía Sánchez era mi mejor amiga. Digo era porque la vida quiso que las cosas quedasen ahí. Nos conocimos cuando teníamos seis años y estudiamos toda la primaria juntos. A eso de los doce años cada uno tomó rumbos distintos. Un día nos vimos después de dos años e intentó besarme, pero no quise. Siempre la vi como mi mejor amiga y de eso no pasaba. A la semana ella me manda un mensaje diciendo que me quiere mucho y que seamos novios. Yo le dije que no y con el tiempo supo entender. Pasaron los años y cuando más la necesité no estuvo. Ya el sentimiento no era el mismo. De hecho, la necesité y las excusas eran más grandes que sus ganas de estar conmigo. Supe que se casó y no me invitó a su boda. Nadie me lo contó, yo lo vi en su instagram. Cuando le escribí para felicitarla me escribió un testamento y no le respondí. Cuando mi mamá murió y ella fue al velorio a estar «conmigo en ese momento» le pedí que no se compadezca y que se vaya no sólo de ahí, sino también de mi vida. Se negaba a mi petición y se excusaba que estábamos alejados porque ella hace actividades distintas a la mía. Yo les soy sincero, es lo más estúpido que me ha podido decir.

Martín era un amigo de viajes y aventuras. Un amigo con quien pude irme de juerga, viajes e incluso hacer billete. Éramos muy buenos amigos hasta que la vida puso a prueba nuestra amistad. De pronto, llegó ese día donde se dedica a la actuación, a contar por redes sociales pequeñas historias e incluso hacia covers y si, tenia éxito, la gente lo aplaudía. Muchos amigos muy cercanos a él lo apoyaron, me incluyo.

Compartíamos su trabajo en sus redes sociales. Empezó a crecer, pero su ego se elevó diez mil veces. Confieso que era como un hermano para mí y también confieso que ya no somos amigos. Su fama duró meses y lo único que quedó (y sigue quedando porque ahora es gerente en una empresa de su amigo) es su jodido ego. Llegamos a ser roomates y era muy tedioso convivir con el. A veces, el depa olía a cigarro, no quería limpiar, no pagó nueve meses de lo que le correspondía e incluso la comida. De la nada empezó a decir que me vaya a la mierda y que yo jamás lo ayudé. Aqui aprendí a conocer más a la gente y no ser igual que ellos. Martín en plena cuarentena me escribió varios mails para volver a ser amigos y yo la verdad no quiero saber nada de él.

Daniel quien ahora es un conocido político. Era un amigo y vecino. A este crápula no quiero verlo ni en pintura. No se portó muy bien con mi familia y además teníamos un plan para trabajar juntos. Que hizo este señor, pues me robó mis ideas y planes para la ejecución de este país que amo tanto. Me duele porque éste siemrpe rezaba una frase muy conocida «jamás muerdas la mano de quien te da de comer y todo da vueltas» y miren que pasó.

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