Mi otro hogar

“No esperas a nadie, ¿verdad?”, me dice una señora que desea tomar asiento en el parque Maria Reiche y yo respondo: No señora, no espero a nadie (aunque en mi interior quería decir sí, que esperaba a alguien muy especial, eso es lo que desearía haber dicho).
Este es uno de mis lugares preferidos, es una de mis casas como yo lo llamo o mejor dicho mi otro hogar. Lo llamo así porque en este lugar he reído, llorado, comido, madrugado, ha sido mi punto de reunión, mi refugio cuando no quería ir al colegio o me escapaba de casa por alguna cosa que no era de mi agrado, terminado una relación (y también me han terminado). Este lugar significa mucho para mi, no sólo me agrada, es un lugar donde muchas veces encuentro tranquilidad, motivación, buenas vibras y puedo contemplar el mar.

En mi otro hogar puedo expresarme libremente, reunirme con mis amigos y mejores amigos. Este lugar permite concentrarme cuando quiero meditar o escribir (sé que suena raro escribir en un parque, pero es tan hermoso y cómodo que puedo hacerlo desde aquí y mirando el mar).

Un domingo por la tarde no me sentía bien, llamo a mi mejor amigo para decirle que se acerque al lugar de siempre. Él llega en una hora y conversamos de la vida, de sus metas, de lo mal que le pone a él el estudiar algo que no le guste. Esa anécdota me hizo retroceder años atrás cuando estudiaba medicina en la Cayetano Heredia, toda mi familia y algunos amigos felices de que sea el médico de la familia, era la ilusión de muchos y este lugar era mi refugio a mi actitud, pues, para ser muy honesto, nunca me gustó esa carrera. Simplemente quise seguirla por hacer feliz a muchas personas. Después de clases venía al Reiche solo o con amigos.

Un día que salía de clases de química, mi estrés y mi silencio me llevaron a este parque. Ví unos señores jugando ajedrez, me acerco a ver cómo juegan, ellos detienen el juego, me miran y me dicen:

  • Muchacho, ¿qué pasa?.
  • Estoy triste, muy triste. No sé como decirle a mis padres que no me gusta estudiar medicina.
  • Te damos un consejo, sigue lo que tu corazón dicta, lo que tus sueños anhelan y lo que tú quieres lograr, no hay nada mejor que hacer lo que amas. Nosotros somos felices siendo pintores, debes hacer lo que tu corazón dice. Ánimo, sabemos que puedes.
  • Muchas gracias señores, muchas gracias.

Les di la mano y seguí caminando, pensando. Finalmente pude vencer ese obstáculo, pude decidirme a lo que quería dedicarme, lo comenté en casa y no fue difícil. Lo bueno de todo esto es que mi familia supo entenderme y apoyarme cada día. Soy feliz viviendo de las fotos y escribiendo. Soy feliz tomando foto a animales, paisajes, personas, lugares, etc. Y claro, en mis fotos cómo no va a aparecer mi otro hogar. Ese lugar que marcó mi vida y donde a veces dedico parte de mi pasión.

Amigos, seamos felices. La vida es ahora, no mañana, no el próximo año, no en un mes. Vamos, yo sé que tú puedes. Te veo en la cima.

2 comentarios sobre “Mi otro hogar

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