Aqui vamos de nuevo

Detesto levantarme muy temprano cuando se trata de viajar porque eso significa dos cosas: no dormir o poner unas dieciocho alarmas (y las puse por gusto porque no dormí). Pocos saben que hace algunos años casi pierdo un vuelo por quedarme dormido y desde ahí tengo un ligero trauma.

Llego al aeropuerto y me di cuenta que traje todo menos mi DNI y no saben la rabia que sentí conmigo mismo. Por suerte, existen esos aplicativos que recogen desde comida hasta documentos y te los lleva a la puerta de donde quieras. Mientras hice una cola de una hora, el motorizado llegó con mi DNI y literal mi alma regresó a mi cuerpo.

Estaba muy feliz de volver a Bogotá, pero tenía mucho sueño y un poco de hambre. Comí algo ligero en el patio de comidas. Luego hice mi cola para que me revisen y uno de los perros de los policías se acerca, empieza a oler el bolsillo de mi pantalón y empieza a ladrar. La policía me miraba con cara de qué tendrás ahí, pero quien no debe no teme, meti mi mano al bolsillo y saqué un keke de naranja que había comprado y pues supongo que aquel pastor alemán tenía hambre.

Subo al avión y me quedo dormido una hora aproximadamente. Luego despierto con un dolor de cuello y cabeza. Pedí alguna pastilla pero no tenían y me dieron anís para calmar. Seguí durmiendo para relajarme y caí tan rico en los brazos de Morfeo y de pronto cuando el avión aterriza siento otra vez el dolor de cabeza y cuello. Espero a bajar para ir a migraciones y hacer la cola más larga que puede existir. En ese momento llamo a doña Cristina, quien es la persona que me alquilará su apartamento por treinta días.

  • Hola, ¿ya estás en Bogotá?
  • Sí Cristina, ya estoy aquí.
  • Te cuento que mi esposo está esperándote.
  • Gracias Cristina, qué lindo detalle.
  • Más bien…tenemos que hablar porque hay algo que tienes que saber.
  • ¿Ya no podrás alquilarme?
  • No es eso. Vienes y platicamos.

Salí del aeropuerto y me encontré con Franklin, el esposo de Cristina. Una persona amable y servicial. Me contaba su vida y sus anécdotas cuando él vivía en Medellín. Y le hice preguntas sobre lo que me dijo Cristina y me dijo que no era nada malo pero negociando algo se hace.

Llegué al apartamento y Franklin me ayuda con mi equipaje. Subimos por el ascensor y ya en la puerta Cristina me recibe muy sonriente y feliz. Y de repente escucho una voz femenina y de frente volteo a mirarla. No fue tan ameno ese momento. La miré mal y ella a mí. Sentía que algunos de mis planes ya no se podrían dar y sentía que ella iba a extrañar su soledad…

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